sábado, enero 27, 2007

La diferencia de esta vez

A veces cerramos la puerta, mas dejamos en el florero la llave.


Me he ido
a trazar nuevos caminos
a seducir a nuevas hojas
a transitar nuevas almas
a encontrarme
con la que seré

Me he ido
dejando atrás avenidas y zapatos
rincones oscuros
en las calles y los ojos
soledades mías y prestadas
preparadas al vino
plazuelas desveladas
y árboles borrachos
que se apoyan y se abrazan.

Y se quieren.
Y me quieren.


Te he dejado atrás
ciudad de mis bellos cadáveres
te he dejado atrás

pero esta vez
ya no estoy huyendo.

jueves, enero 18, 2007

19



Hermoso año, el que hoy encierro. Quise mucho, mucho me quisieron, viajé sola y viajé acompañada, compartí los mejores cigarrillos (todos sabemos que los mejores son los compartidos), y me permití flojear en la cama hasta las dos de la tarde. Mojé mis pies en agua fría de lago, sorprendí descalza a la madrugada en un jardín con plantitas de hierbabuena, caminé bajo la lluvia de la mano con mis muertos, tomé mate sentada en una piedra con dos poetas increíbles, y bailé, ¡cómo bailé!

Hoy el brindis es a la Vida.
Mi más sincera gratitud
por el viento
y los lobos
por los labios
y las azoteas

por las voces
y los silencios.

lunes, enero 15, 2007

la despedida (III)

Me enamoré de una mujer
de faldas azules
y dedos de sal
con una sonrisa
de espera
silente
de quien esconde un secreto
terrible
de esos que devoran
humanidades
destruyen
civilizaciones.

Me enamoré de una mujer
y ahora no sé
qué haré sin ella.

jueves, enero 11, 2007

sobre todo

Nadie es una palabra muy triste.

Sobre todo cuando viene de vos.

miércoles, enero 10, 2007

noche de luna llena en la isla del sol (II)

El tres, habíamos calculado, y llegaste, cómo no, en la noche exacta.

En el centro, el fuego devoraba ramitas secas de eucalipto,
y nosotros, que no sabíamos nuestros nombres ni edades,
nos sumergíamos en ojos y sonrisas de complicidad, sueño o marihuana.

Y no éramos más extraños, eramos todos hermanos. Hijos de la isla.


"Estás hermosa," le dice, con acento porteño, el que acaba de pasar el mate.
Ella no responde.
Sólo permanece luminosa, altanera, y muda. Ya se las sabe todas.

La contemplamos los hombres, las hojas y las piedras, sin aliento.
Hemos entendido todos la condena.
Esclavos enceguecidos por su blancura,
de este instante, por siempre,
seremos.

jueves, enero 04, 2007

el encuentro (I)

Me estabas esperando.

Desde antes que naciera
me estabas esperando

para consumirme el alma de un soplido

para enredarme los cabellos con tus dedos de sal

para acariciarme los huesos y besarme hasta a médula
me estabas esperando

y yo que no iba.


Me estabas esperando.

Con tu panteón dorado y tus místicas montañas
me estabas esperando

para hervirme la piel con la danza de tus olas

para matarme y parirme de nuevo hecha sal

para volverme vos
me estabas esperando

y yo que no sabía
que había estado siempre
aquí.