Brotan de la punta de sus dedos
las ideas
moluscos al sol.

Dejan rastro de alquitrán
sus pies de caracola
es el alma que se derrite.

Trae souvenirs
piedras presas
en el diafrágma.

Las vomita
luciérnagas verdes
sobre oídos muertos.

17 comentarios:

Enrique dijo...

Los últimos días, acaso semanas, he sentido la premura de cejar frente a las exhortaciones del silencio. Ayer, mis bramidos fueron percibidos nuevamente; hoy, tus versos me recuerdan la importancia de caerme del tiempo leyéndote.

Au revoir!

(Prometo vencer la repugnancia que siento por el francés. Si deseo evitar embustes de los traductores, no tengo más alternativas.)

Marco dijo...

Si no fuera por la piedras y las luciérnagas no sabríamos que tenemos diafragma.
Besos.

la mujer habitada dijo...

enrique:
Muchas gracias, hoy, por la visita, y siempre, por los bramidos.

(Sí, dale una chance. Garantizo que unas liniecitas de Baudelaire en el original son suficientes para cambiarle a un caído del tiempo la opinión.)

Bis Bald!

Marco:
Tienes toda la razón. A veces, además, es bueno vomitar luz. Nos recuerda de qué estamos hechos.

Besos vuelven.

flacazul dijo...

y los gusanos de luz?
como siempre un placer, habitada.
espero que las vacaciones (si es que por ese motivo era el viaje a bahia)
hayan estado geniales.
un abrazo fuerte,
a.

R. dijo...

Habitada:

Este texto suyo posee una sonoridad que silencia incluso a sus palabras.

Gracias por la música desgarrada que emite.

Cardamomo-momificado dijo...

...y yo las escucho en ese color!

La dama de vidrio dijo...

Tus textos insisten en ser leídos... no se puede evitar

El Defensor dijo...

Hola mujer:

Usted se extravía de mi camino de ves en cuando. Te comento; los jueves de tertulia en la U, son un exito. Nos encataría que estuvieras entre nosotros. Pero, si nos lo permites, estarás.

Este jueves dedicaremos el espacio a la poesía y a la literatura, y he recojido de tu jardín alguanas rosas y espinos para leerlos en la ocación.

Me lo perdonás?

mi otro yo dijo...

Menos mal que los oídos estan muertos.

Saludos

myriam dijo...

me encanta este espacio
Te dejo mi blog por si querés visitarme.
Besos.
http://myrarte.blogspot.com/

la mujer habitada dijo...

flacazul:
Como siempre, un placer encontrar, por el jardín, regadas, letras tuyas. Las vacaciones no pudieron ser más interesantes.. Quizás me anime a subir fotos.

Abrazos vuelven,
d.

r.:
Agradezco mucho tu visita y tus palabras, y la música, creo, la creaste vos.

cardamomo:
Es que no tienes (a los panteones, gracias) los oídos muertos..

Un abrazo.

dama de vidrio:
Qué lindo encontrarte de nuevo por aquí...
Otoño ha llegado al jardín, hoy tus palabras son naranjas y marrones tierra.
Le caen al dedo al alma.

defensor:
Te acabo de visitar... Es un trato, ya sabe usted que espero me cuente cómo les fue, y me acepte los jueves de julio...

mi otro yo:
Quizás. Pero aún así es triste.

myriam:
Bienvenida entonces. Te estaré leyendo también.
Saludos..

Lau dijo...

es un encanto leerte, mujer, siempre. Un besazo, enhorabuena por tu inmensa sensibilidad. No sé si es enhorabuena la palabra. Tal vez sea mejor... GRACIAS.

uN BESAZO

ToTTó El Bohemio Boliviano dijo...

Habitada

Segunda ves que visito tu interesante blog.

Gracias por los poemas de muy buen gusto.

Al leerlos en vos alta
mi alma se derritió
a tus pies...
Oí gorjeos zumbando
en mis oídos.

Saludos

ToTTó

Amorexia dijo...

Mujer, nunca el vomito fue tan hermoso, pero el hueco de luz dejado en mi diafragma se lleva lo que iba a decir ademas. Gracias por el silencio.

electrokiss dijo...

fuiste la unica q realmente observo

voy a linkarte

besos electricos

la mujer habitada dijo...

lau:
Gracias a vos, por compartir palabras.
Besos vuelven

tottó:
Vuelve cuando quieras, paseate, planta silencios o palabras, cultiva sensaciones, el jardín te espera siempre.
Saludos

amorexia:
Compartir silencios es una de las más lindas complicidades.
Abrazos

electrokiss:
Ciertos lunares son inconfundibles.
Besos vuelven.
Au revoir!

Pablo Enrique Osorio Abud dijo...

Vomitar luciérnagas verdes o conejitos espumosos por la boca. ¿No es esa acaso la felicidad? ¿No es esa acaso la tristeza?