domingo, septiembre 13, 2009

Atea

Soñé con Dios. Dios era un burgués italiano de los años veinte, con manos grandes, y con las yemas de los dedos partía las telas de araña con que controlaría los movimientos de la Historia.
Por la mañana, igualmente atea que la noche anterior, pensé que definitivamente preferiría siempre la mugre humana que la ausencia de ella.